

‘Casados a primera vista’ vuelve y sorprende desde la primera boda
Ocho años después de su última etapa en Antena 3, Casados a primera vista ha vuelto a la televisión. Y lo ha hecho con fuerza. Telecinco estrenó este lunes, 19 de enero, la nueva edición del dating más extremo, ahora producido junto a Bulldog TV.
Desde el primer minuto quedó claro que no era un simple regreso nostálgico. El formato vuelve renovado, con otro tono, nuevos expertos y un casting que llamó la atención… y generó debate.
Perfiles muy ‘La isla de las tentaciones’, pero con más vida
Los protagonistas no pasaron desapercibidos. Seis mujeres y seis hombres atractivos, cuidados al detalle y con un perfil muy reconocible para el espectador habitual de Mediaset.
Cuerpos trabajados, estilismos impecables y nombres que parecían sacados de Instagram. Todo recordaba, inevitablemente, a La isla de las tentaciones. Eso sí, con una diferencia clave: diez años más y, al menos sobre el papel, más recorrido emocional.
Al principio surgió la duda. ¿Qué necesidad tenían de casarse con un desconocido? ¿Buscaban amor o exposición? Sin embargo, el programa tardó poco en romper esa barrera.
Historias personales que rompieron los prejuicios
Más allá de las apariencias, Casados a primera vista apostó por algo que no siempre abunda en este tipo de formatos: contexto emocional.
La presentación de los solteros estuvo cargada de confesiones sinceras. Y una historia destacó por encima del resto. La de Ana, viuda desde 2019 tras perder al amor de su vida.
Su relato emocionó al resto de participantes y también al público. De repente, el programa dejaba de ser un escaparate de caras bonitas para convertirse en un espacio donde el pasado pesa… y mucho.
Además, llamó la atención un detalle poco habitual. Muchas de las mujeres hablaron con respeto de sus exparejas y de los padres de sus hijos. Un tono sereno, maduro y sorprendente.
Un Cupido con mejor puntería que nunca
Los expertos, Nayara Malnero, Raúl López y Cecilia Martín, tomaron nota. Y el resultado fue evidente.
Las dos primeras parejas demostraron que el nuevo Cupido afina mejor que en etapas anteriores. La química fue inmediata. Natural. Creíble.
Y eso, en un formato donde el matrimonio es a ciegas, no es poca cosa.
Ana y Luija: una conexión que traspasó la pantalla
La primera boda fue la de Ana y Luija, ambos de Málaga. Sus familias asistieron con sorpresa, pero también con respeto y apoyo.
Cuando se vieron por primera vez, hubo atracción. Sin artificios. Sin sobreactuación. Ella decidió no besarse en el altar, pero el vínculo no se resintió.
Durante la celebración, Ana compartió su historia. Él se emocionó. Lloró. Y ese gesto cambió el ambiente por completo. La empatía se convirtió en el verdadero protagonista.
Fue una boda sencilla, íntima y cargada de verdad. Algo que pocos esperaban en el estreno.
Marc y Ainoa: flechazo y promesa de película
La segunda ceremonia subió el listón. Marc, de Barcelona, y Ainoa, de Madrid, compartían una visión clásica del amor y de la pareja.
Desde que se vieron vestidos de novios, el flechazo fue evidente. Sonrisas, miradas cómplices y un beso en el momento justo.
“Te voy a regalar una historia de amor que va a eclipsar a la de los Beckham”, le dijo él. Una frase que resume el espíritu de esta edición: romanticismo sin complejos.
Ahora, todas las miradas están puestas en la luna de miel. ¿Será tan idílica como prometía el altar?
Un estreno que devuelve la fe en el formato
El regreso de Casados a primera vista no solo cumplió expectativas. Las superó.
Emoción, respeto, química y giros inesperados marcaron una primera entrega que deja con ganas de más. Telecinco ha encontrado una fórmula más humana y menos frívola.
Y esto acaba de empezar. Porque lo que viene cambiará todo.
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